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Medios electrónicos de pago: alternativa para promover la formalización

Los Sistemas de Pago (SP) son un elemento fundamental de la infraestructura financiera. Su solidez es esencial para el desarrollo y profundización de los sistemas financieros.

La realización de pagos seguros y eficientes reduce los costos y los riesgos implícitos en las transferencias de recursos, beneficia el comercio y la globalización, favorece el acceso de la población a mayores y más eficaces productos financieros,  a la vez que facilita la labor de los estados en la ejecución de las políticas monetarias y tributarias, en el control y protección de captaciones del público, y en la prevención del lavado de activos y la financiación del terrorismo. Por consiguiente, los SP, su marco institucional, y su desarrollo han venido ganando importancia dentro de los objetivos de política de los diferentes gobiernos alrededor del mundo.

Según los montos de las transferencias de dinero que procesan, los SP se pueden clasificar en dos categorías: sistemas de pago de alto valor (Spav), y sistemas de pago de bajo valor (Spbv). Los Spav procesan volúmenes relativamente reducidos de transacciones, pero el valor individual o agregado de las transferencias de fondos es elevado.

En ellos se liquidan especialmente las operaciones entre instituciones financieras, o entre ellas y el banco central, así como las realizadas en los mercados de valores y divisas. Por su parte, los Spbv procesan un gran número de transacciones, pero con montos individuales pequeños. Normalmente estos sistemas son utilizados para transferir fondos entre individuos y/o empresas en operaciones vinculadas con el intercambio de bienes y servicios.
A través de los SP, las entidades financieras canalizan las instrucciones de pago del público mediante la utilización de redes. Los instrumentos de pago más usuales son el efectivo, los cheques, las tarjetas de pago (prepagadas, de débito o de crédito), la transferencia electrónica de fondos, y el crédito y débito directo (adeudos automáticos o domiciliaciones).
El rápido desarrollo tecnológico de las últimas décadas y los avances en los procesos informáticos, de telecomunicaciones, y el almacenamiento de datos han contribuido a acelerar la innovación en los sistemas de pago, de manera que se ha venido incrementando el uso de medios de pago electrónicos en las diferentes economías.
Hay dos casos internacionales para destacar. Es notable el coreano como protagonista de la revolución tecnológica en la industria de los medios de pago. Desde mediados de la década de los 90 el gobierno de Corea del Sur, junto con la industria de medios de pago, ha venido impulsando el uso de medios de pago electrónicos entre toda la población.

Tras la crisis de finales de los 90, con el fin de promover el consumo y reactivar la economía, el gobierno coreano incluyó entre sus medidas de política una serie de incentivos al uso de las tarjetas de crédito. Como resultado, actualmente, más del 50% del consumo privado se liquida con este medio de pago, representando cerca del 40% del PIB. Con la profundización del mercado de tarjetas en Corea, el crecimiento de la banca por internet y la telefonía móvil, el uso de oficinas bancarias y de los sistemas de audio respuesta para realizar transacciones cayó de manera importante. Durante el periodo 2005-2009 el número promedio de transacciones diarias, así como los montos transados por banca móvil crecieron a una tasa anual del 54% aproximadamente, mientras que las transacciones y montos transados diariamente por internet crecieron a tasas del 26% y 22% respectivamente.

Una de las experiencias internacionales más citadas en banca móvil es la desarrollada por Safaricom, empresa de telefonía móvil que cuenta con el 76,6% del mercado en Kenia, con su producto M-Pesa. Éste inició como un esquema de transferencia de dinero, que facilitó las remesas, principalmente de las ciudades a las zonas rurales, en ese país y que antes se realizaban “a mano” o a través de encargos con conductores de transporte público. Los usuarios de este producto son mayoritariamente hombres entre los 25 y 45 años de edad, educados y ya bancarizados. A pesar de haber sido concebido para transferencias, los usuarios lo utilizan no solo para el envío y recepción de dinero sino como reserva de valor.

Comunicaicones Diemo.

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